El tiempo del hombre-creador

La creatividad da miedo. Crear es un acto potente, sencillo y alquímico, que cambia el orden de las cosas. Puede coger el dolor, la rabia, la pena o el miedo y transformarlos en una bandada de pájaros que alzan el vuelo a media tarde. El acto creativo pone al creador en contacto profundo con su mundo interior. Actúa como una puerta abierta que permite el flujo entre el inconsciente y el mundo emocional con el exterior. Es, al pie de la letra, el acto de “sacar fuera”.

Quizá por ello a los hombres nos han orientado sutil y firmemente hacia lo tecnológico, lo matemático, lo físico. Lejos de las emociones. Quizá el sistema teme al hombre emocional. ¿Qué ocurre cuando un hombre se zambulle hondamente en su interior? La pregunta viene siendo contestada desde hace  milenios por la tradición, el folclore y la mitología: Que se hace rey. El rey es el arquetipo que encarna la justicia, el amor y el Amor. El rey es la calma sosegada y la dirección firme, que gobierna el reino con entrega y compromiso, y lo llena de abundancia. El rey es quien puede casarse con la reina: ningún otro arquetipo está preparado para esa unión sagrada.

Si un hombre no se convierte en rey, está condenado a vagar por los otros arquetipos que, al recibir esa carga descompensada de peticiones, se ven desbordados y desequilibrados. Pueden pasar por el trono el bufón, el airado guerrero, el niño herido, el frío y calculador mago o el amante engullidor. El acto creativo nos corona como reyes. A través de un viaje único, salvaje, demoledor y profundamente nutritivo, que comienza con esa vieja historia de “perderse en el bosque”. Crear es soltar el control. Asumir que no sé. Que estoy perdido. Y que eso está bien. De nada sirven los viejos patrones. De nada sirve la coraza o la muralla que separa al corazón del resto del mundo. De nada sirve el afán por el control. En este tiempo amanece un sol distinto. Las mujeres andan haciendo su trabajo: se reúnen en círculos, se acompañan, conectan con su ciclo y honran sus procesos. A los hombres nos toca hacer la nuestra: el camino desde la rigidez hacia la flexibilidad, que nos conecta casi automáticamente con la presencia. Estar aquí, estar ahora. Poder “ser” y no sólo “hacer”.

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El arte viene a remover la consciencia, a rajar el hinchado vientre por la contención y dejar que salga el río turbulento de emociones. El arte viene a empoderarnos: al poder mirar de frente lo que cargamos, lo que hacemos, lo que sentimos… podemos gestionarlo. Ya no operan desde la sombra inconsciente: ahora forman parte de lo que sabemos acerca de nosotros. Y por tanto, podemos integrarlo en nuestro funcionamiento vital. Ahora amanece un sol distinto. Ya hemos dejado de competir entre nosotros. Ahora nos acompañamos. Nos sostenemos, nos apoyamos. Vamos descubriendo y tejiendo entre todos una nueva forma de “ser hombre” en el mundo, en la que ninguno de nosotros se sienta fuera. En la que podamos colocarnos de pie y rechazar la violencia, la explotación y la dominación. Ya no necesitamos de eso porque no somos niños inseguros. Ahora somos hombres en camino. En un camino único, creativo y propio, que se teje con el de todos los seres vivos del Mundo.

Israel Barranco
Artista y terapeuta psicoexpresivo
www.israelbarranco.com
@soyibarranco

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