¿Como humanizar la espiritualidad?

Por Andreu Justo
Practicante Zen

Para poder dar una respuesta honesta me gustaría clarificar qué entendemos por espiritualidad.

Si atendemos al significado común de la palabra “espiritualidad” encontramos que es la cualidad referente al espíritu, y que este es un atributo esencialmente humano.  Por otra parte, la espiritualidad o practica espiritual también podría definirse, a un nivel menos abstracto, como el conjunto de acciones orientadas a la búsqueda del contacto íntimo con nuestra naturaleza sagrada, la esencia misma de eso que llamamos alma o espíritu. 

El espíritu en sí mismo, no es otra cosa que la parte inmaterial de nuestro cuerpo, la esencia de nuestra individualidad, es la llama viva que arde en nuestro corazón y nos permite experimentar la vida que hay más allá de los sentidos. Es la esencia de nuestra individualidad y a la vez la conexión con la totalidad. 

Es también para muchos el origen o morada de la consciencia. El espíritu es la parte más honda y esencial del ser humano. De hecho, no he escuchado nunca a nadie hablar de la espiritualidad de los animales. Es como si de algún modo los animales y el resto de seres vivos no necesitaran de ningún tipo de práctica para entrar en contacto con su espíritu. Para algunas personas esto es debido a que ellos no poseen alma y por eso el acto religioso suele ser abanderado como algo propiamente humano. Para otras esto es debido sencillamente a que no lo necesitan. Probablemente porque ellos nunca han perdido el contacto con lo espiritual. Ellos viven plenamente en el espíritu y no distinguen entre la vida material i la inmaterial, eso son cuestiones puramente humanas.

Puede que la razón y la palabra sean en buena parte responsables de esta distinción puramente humana entre lo espiritual y lo tangible… entre lo sagrado y lo mundano. Distinción que nos lleva en su forma más dogmática a la institucionalización de la religión y la ciencia…

Si nos remontamos en el tiempo encontramos que las religiones jerárquicas cortaron de raíz la horizontalidad. La relación directa del hombre con lo sobrenatural fue despojada de su poder y se demonizó cualquier tipo de práctica espiritual tachándola de primitiva y maligna, ahí empezó a reinar, de la mano de la iglesia, la clásica distinción entre lo bueno y lo malo, la carga moral y el pecado. 

La carga emocional de esta herida fue agravada por los miles de asesinatos que se produjeron en nombre del Dios único, donde en nombre de lo sagrado se quemaron miles de vidas y se destruyeron siglos de cultura y tradición… 

La ciencia por su lado quiso contrarrestar el poder de la religión creando un nuevo método para explicar la realidad sin tener que recurrir a lo sobrenatural. Crearon el método científico, una manera de determinar, predecir y explicar porqué ocurren las cosas sin tener que recurrir a la magia o a la voluntad de los dioses. 

Pero este nuevo método volvió a despojar al hombre de la poca conexión con lo inmaterial que le quedaba, lo despojó de su certeza interior. De pronto el imperio de la razón se hizo con el poder y mediante su método y sus pruebas de laboratorio demostraron que lo único que existe es aquello que se puede medir.

 Así el mundo del hombre quedo totalmente dividido entre lo demostrable y lo inexplicable. Y la carga de la prueba cayó como una losa sobre todo lo inmaterial o espiritual, quedando reducido así al ámbito de la creencia, de la fe, o en el peor de los casos de la pura superchería… 

Es doloroso aceptar como hemos sido cómplices de nuestro propia mutilación y de cómo hemos sido sistemáticamente acorralados, empequeñecidos y despojados del poder, la fuerza y el sentido de nuestra propia vida, para terminar siendo otorgada a científicos, curas y políticos…

¿En qué momento el hombre dejó de ser un hombre y pasó a ser una marioneta?, ¿en qué momento los reyes y reinas se volvieron esclavos? Tal vez fue en el mismo momento en que fuimos despojados de la conexión directa con nuestro dios interior.

Siendo honesto, no creo que humanizar la espiritualidad sea una necesidad… Quiero entender que al decir humanizar, nos referimos a una necesidad más bien de “normalizar” la espiritualidad, un volverla más accesible y menos sagrada. Sin embargo, en mi humilde opinión, la espiritualidad ya ha sido demasiado humanizada. Nuestra constante tendencia a intentar modificar o cambiar las cosas a nuestro antojo, para de alguna manera facilitar nuestra vida, es uno de nuestros mayores problemas a la hora de entrar en contacto directo con la esencia de la realidad, o en este caso con lo espiritual.

Lo espiritual nunca podrá estar al servicio de nuestras necesidades. Eso es una trampa lógica del ego. Lo espiritual escapa siempre a las redes de nuestra mente, pues está más allá de lo racional…

Hemos estado continuamente poniendo limites a lo ilimitado y esto nos ha conducido inevitablemente al sufrimiento… pues la parte eterna e infinita de nuestra esencia, pulsa desesperada por echar abajo todos los falsos limites autoimpuestos, que amenazan con asfixiar o apagar esa llama sagrada que llamamos espíritu. Sin embargo, la conexión directa con el mundo espiritual, la auténtica realidad más allá de la realidad ordinaria, nunca ha desaparecido.

Tal vez la intención que hay debajo de la pregunta que da origen a este artículo, se refiera más bien a cómo conectar de nuevo con mi espíritu, con mi alma o con Dios…

Y para eso, sin duda, el primer requisito es admitir honestamente la responsabilidad de nuestro propio sufrimiento. Es un paso indispensable para dejar atrás la línea de pensamiento infantil donde acusamos a la realidad de no ser como debería ser. Cuando dejamos atrás el rechazo a lo que no nos gusta y el apego a lo que nos gusta, entramos directamente en el reino de los cielos. Allí donde termina la dualidad nos sumergimos de lleno en la totalidad, retornando a la unidad indivisible que lo contiene todo porque no retiene nada.  Adentrándonos de lleno en el vacío insondable que hay más allá de la mente racional. 

La realidad espiritual no es algo que deba ser juzgado. Y mucho menos algo que deba acomodarse a los designios de nuestra voluntad, sino más bien al contrario.

Vivir la vida es un milagro sagrado y nuestra vida es en esencia espiritual, por mucho que nos empeñemos en desacralizarla, o humanizarla… Que no seamos capaces de verlo, o sentirlo, no implica que no sea así, pues siempre lo ha sido y siempre lo será.

De dónde surge entonces esa necesidad de espiritualizar nuestro día a día. Esa necesidad de volver lo espiritual más accesible. ¿De dónde viene esa falta de sentido o de propósito divino si somos por naturaleza seres perfectos y completos en permanente contacto con la divinidad?

Literalmente surge de nuestra programación defectuosa y limitante. Vemos la realidad tal como somos y no tal como es en sí misma. Ese error de apreciación nos coloca en una situación complicada donde no podemos ni avanzar ni retroceder. Y por tanto lo único que podemos hacer es mirar hacia dentro. Volver nuestra mirada hacia nosotros mismos. Entrenar nuestra mirada para ampliar la percepción que tenemos de nosotros mismos y por tanto del mundo, para poder ser conscientes de que no existe diferencia entre lo espiritual y lo mundano, que no hay división más allá de la mente, y que Dios no habita en lo alto del cielo o en las iglesias sino en nuestro corazón.

Es nuestra responsabilidad decidir donde ponemos nuestra atención. Pues aquello que creemos es lo que creamos, y si creemos que hay una necesidad de humanizar la espiritualidad, será porque hay en nosotros alguna carencia que nos impide conectar o sentir de manera directa nuestra propia espiritualidad.  

Una posible manera de solucionar eso es darse cuenta. Ser honesto con uno mismo y entrar con reverencia y humildad en el templo de nuestro corazón, donde mora la Verdad.

Ser capaz de volver una y otra vez a centrar la atención en uno mismo y darse cuenta de que nada falta, sino que más bien sobra. Sobran los juicios e interpretaciones erróneos que nos hacen creer que ciertamente algo anda mal con nosotros porque no somos felices.

La espiritualidad no es algo que deba ser buscado fuera de nosotros. 

El grado de sacralidad o el sentimiento de conexión con lo divino no depende del exterior, ni depende del tipo de vida que llevamos. El sentimiento de conexión con lo divino depende de nuestra capacidad para sentir. O más concretamente del grado de atención o presencia que seamos capaces de mantener en nuestro día a día.

 Así pues, si nuestra atención está dispersa nos sentiremos desconectados y si nuestra atención esta enfocada en la presencia nos sentiremos conectados, así de sencillo. Esto no quiere decir que haya una diferencia real entre un estado y otro. Siempre estamos conectados con lo divino, solo que a veces (usualmente la mayor parte del tiempo), no somos capaces de darnos cuenta. Ese es el para mí el quit de la cuestión

Ya para finalizar, apuntar que en mi experiencia una buena manera de apreciar o sentir de nuevo esa conexión mágica y sagrada con la vida es practicar una y otra vez el viejo arte de darse cuenta. Volver una y otra vez a nuestro corazón, centrar nuestra atención en el ahora e ir dejando que poco a poco vaya cayendo la falsa programación sin intentar poner demasiado de nuestra parte. Esa sería una llave mágica que todos podemos aplicar en nuestro día a día.

 Que todos los seres sean felices en este mundo maravilloso.

Andreu Justo
Practicante zen

Texto revisado 30/12/2019

1 comentario de “¿Como humanizar la espiritualidad?”

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