Alcanzar la masculinidad Adulta

Música en los rituales de transición.
Jorge Ferrer

Desde épocas muy antiguas, diferentes culturas repartidas por todo el planeta, han tenido unas costumbres muy similares. Ya sea en los clanes aborígenes de Australia, Madagascar, los indios de América del Norte, los rituales griegos, etc, todos compartían una sabiduría, una comprensión del proceso psicológico del ser humano, y en este caso que nos ocupa, del proceso de desarrollo del ser niño a ser hombre.

En todas las culturas estudiadas, se pueden destacar estos procesos. Por tanto, sin un ritual de transición el niño no podía convertirse en adulto, ni ser útil a su clan como cazador o guerrero, ni crear una familia propia. Ni lo más importante, no podía acceder a su iniciación en la comprensión del mundo, ni la conexión con sus dioses.

Estos rituales, que podían ser más o menos elaborados, incluían un proceso de separación de la madre (separación física y a su vez, psicológica, para dejar de ser una extensión de ella), de muerte ritual (aunque muy real para el iniciado), de relación y comunicación con muertos, seres sobrenaturales, etc, para por fin regresar al mundo de los vivos, como un adulto completo, habiendo sido revelados los misterios del mundo. Y muy importante, regresaba viendo a la mujer, no como proyección de la madre, sino reconociendo a la mujer como tal, de igual a igual.

Y como no podía ser menos, los instrumentos musicales, la percusión, la música, estaban muy presentes acompañando estos procesos rituales.

Podemos imaginar en la antigua Grecia, el iniciado que iba a ser conducido a través de los misterios de Eleusis, mientras sonaban las antiguas Liras, o el sonido dionisíaco del Aulos, usando escalas que generaban una profundidad de espíritu, ideal para lograr con éxito esta iniciación. O en una tribu africana, un círculo de percusión donde el niño podía estar toda la noche, siendo poseído por el retumbar rítmico de los tambores, hasta lograr el trance total y la comunicación con otros planos. O el sonido del tambor del Chaman de Siberia, mientras acompañaba al niño por el mundo de los muertos. Un dato curioso, en el tratado de evolución del ser humano, que es el Tarot de Marsella, el inicio del paso por las profundidades para revivir como ser humano auténtico, representado por la Carta XIII, justo aparece una flauta. La música en estos procesos, es algo clave para conseguir un ritual sagrado.

Estas trazas antiguas del uso de la música, de los procesos de transición, hoy día pueden volver a ser reutilizados. Podemos recuperar estas antiguas prácticas, para recrear rituales tan poderosos como antaño, y generar los mismos efectos en el ser humano. No importa que no seamos aborígenes, ni indios, lo que importa es que el ritual es común a toda la raza humana, y que está ahí disponible, como siempre lo ha estado, para evolucionar. Los instrumentos siguen estando ahí, el tambor, la lira, el didgeridoo, el djembé, etc, están esperando sonar de nuevo para nosotros, para nuestro renacer como hombres auténticos.

En estos días, en que la falta de procesos de transición del niño-adulto, se hace todavía más urgente, recuperar las antiguas tradiciones. Recuperar el ritual, la música como elemento sagrado, para ayudar y ayudarnos entre nosotros, los hombres, a dejar atrás situaciones que corresponden más a estados infantiles, y construir estructuras psicológicas de hombre adulto, maduro, para poder ser útiles a esta sociedad que tanto lo necesita. Sigamos el sonido de la flauta, para adentrarnos en las terribles olas que aterrorizan a los hombres, para hallar el pez excepcional.

Jorge Ferrer
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